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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





(3/4 PARTES) ¡SIN ALIENTO!




RELATO



Continúa...

                        
                          Lo dicho. ¿Sería que ella no tenía el suficiente instinto maternal para evitar los peligros? Porque ella no veía a ninguna otra mujer con aquellos problemas.     

  Como cuando ingresaron a Chus tres veces por introducirse cosas en nariz y oídos. A ver quien mejora eso.


Siempre pensando, elucubrando, imaginando... (© bbevren / Shutterstock)



¡MADRE SANTA DEL AMOR HERMOSO!

Publicado en Gaudí y Más. 26 de agosto de 2017

    
                               La primera, durmiendo en la mínima caravana portuguesa de la familia, una Pluma de 2,95 metros. Con ella se estrenaron en el caravaning.

   Verbena de San Juan.

   Entrábamos turnándonos los amigos para vigilar el sueño de Chus, y nuestra amiga Antona fue la que dijo al salir de verlo, mientras bajaba los dos peldaños: -No sé, pero yo noto un olor nausabundo, algo muy raro. No, no es caca. Ana, mujer, no pongas esa cara ni te asustes, igual es cosa mía y no pasa nada.

   Días después, tras un examen a fondo se solucionó el problema. El "examen a fondo" previo, que orientó al doctor de Sant Celoni hacia el diagnóstico, empezó por desnudar al niño, tenderlo en una camilla y proceder a olerlo a todo lo largo por dos veces, de frente y de espalda, desde los dedos de los pies hasta llegar a la cabeza. Al estar de observadora, la madre comprendió después que lo de los cabellos había sido un mero trámite, los actos de un protocolo desconocido con un número determinado de reglas. Porque si el tiempo que dedicó a los dedos de los pies, axilas, boca y orejas fueron segundos, al llegar a la nariz el Doctor Sabueso se detuvo repitiendo por dos veces la operación, hasta incorporarse, dirigirse al lavamanos del consultorio para aclararse la nariz y de nuevo inclinado sobre el niño insistir en el olfateo.

  Aquel joven doctor con el que la familia acabó teniendo una estrecha relación había encontrado al agente causante del problema, procediendo a la extracción del cuerpo extraño provocador del hedor, que el pequeño tenía alojado en la parte superior de la cavidad nasal,  Un trozo de esponja marina de baño que Chus se había introducido en la nariz, hacia arriba. Lo que debía haber empujado, dijo el médico, debía haber sido mucho y con mucha fuerza. Estaba al final del conducto, pegada al hueso en toda su largura de varios centímetros, fina como una lámina. Los padres pudieron ver su color verde cuando se la sacaron, podrida por la mucosidad.

  La segunda vino con tres años, en plenas fiestas de un pueblo de Gerona donde una encantadora abuelita entretenía a los niños sentados en el suelo de la plaza, con una sesión de cuentos. Sobre todo uno sobre un niño que se metía garbanzos en los oídos y que nuestro atento amiguito encontró muy didáctico. Él no sabía que eran los garbanzos pero igualmente captó la idea base, así que se dio buena prisa en hacer lo propio con piedrecitas que debió recoger del suelo mientras escuchaba. Otro ingreso y otra intervención, con postoperatorio en la caravana que estrenaban sus padres, una Moncayo de 4,35 metros donde también cabía su hermanito.

    El Ángel de la Guarda seguía trabajando a destajo en la nueva guardería. Y estoy segura de que fue él quien inspiró a Ana para distraer a su hijo con música, cosa que le interesó rápido, haciendo sonidos bien acompasados con algo que percutiese, y en esa línea tan inocente en principio, se inspiró el pequeño músico. Cambiando de objetivo para la tercera aventura y pasándose a los oídos.


Una esponja marina y un osito...


   
                                Poco después de ver una película de Disney donde a un niño le regalaban una radio con auriculares negros del tamaño de una píldora, que se introducían en los oídos, esa información debió parecerle muy inspiradora al pequeño espectador. Esperando escuchar la música, Chus le arrancó los ojos de cristal a un osito de peluche encontrándoles nuevo acomodo uno en cada una de sus orejas, bien adentro.

  Extraérselos precisó de una delicada manipulación por haber peligro de perforación y sordera, ya que los ojos tenían en el dorso una menuda punta metálica.

   Aún así la vida seguía y cumplidos los cuatro años, en dos meses la familia encadenó cinco nuevos casos entre accidentes y percances.

  El chaval iba cumpliendo años desarrollándose con armonía, listo como el hambre, nunca estaba enfermo, tenía un apetito excelente, siempre alegre y feliz. A los seis años pararían en seco los accidentes, pero antes de cumplirlos le estaba reservado pasar otro rosario de experiencias adversas.

  El tiovivo ¿A quién no le suena esa palabra a diversión? Pues a Ana le aterra.

   Porque una vez, estando a la espera de que parara el giro para montarse en un caballito, Chus vio en el suelo entre el paso de un coche y el del caballito de sus ilusiones, el brillo de una moneda. Y aún estando cogido de la mano de su madre no se le ocurrió otra cosa que agacharse a  recogerla entre el paso de dos atracciones.

   Consecuencia, una pata del caballito le abrió limpiamente en la cabeza una brecha de seis centímetros. Por la cantidad de vasos que cruzan el cuero cabelludo fue una de las heridas más sangrantes que sufrió, pero a diferencia de otras ocasiones esta vez el corte fue limpio, sólo que para coserla fueron necesarios ¡seis puntos!




                               Ojeo las fotografías de cuando tenía tres años, la época en que se escapó dos veces de su madre, que no podía correr tan deprisa como el niño por llevar colgado en una mochila a otro, recién nacido. Una de las escapadas fue al antiguo canódromo de la Avda. Meridiana de Barcelona. La otra en una visita a uno de Esos Grandes Almacenes, el que se encuentra en la Plaza de Cataluña barcelonesa.

   No me extenderé. Pero sí informo de que ambas ocasiones sirvieron al fugitivo para intimar con las Fuerzas del Orden. Primero con los policías de su Comisaría de la calle Sant Andreu y con los dos vecinos que lo encontraron, lo reconocieron y lo llevaron a la portería de su casa. Y en la segunda ocasión, con los agentes de Seguridad del establecimiento.

  Viendo las fotos parece increíble que aquel rubiales sano y risueño guardarse en su espíritu tanta curiosidad por las cosas, por todo lo que le rodeaba, que lo llevara a investigar cualquier paisaje, objeto o parte de su anatomía que se le pusieran por delante.



   Por ejemplo, La Lengua.

  Si. Han leído bien, también la lengua tiene su espacio en esta reseña aventurera. De la manera más inconcebible.

   Situémonos.

   Navidades. Noche de Reyes. Mañana de Reyes.

   Para que nos relajemos, daremos a los folios una de cal, de esperanza en el futuro de aquel pequeño inolvidable y otra de, bueno… De lo que podría haber sido y afortunadamente, no fue.

  Aquel año, entre los regalos mirados con lupa y admitidos por el equipo doméstico de seguridad, estaban dos, de precios muy distantes. Una humilde hucha de latón que encantó al niño porque al moverla sonaban unos acordes, siempre la música. Y en el extremo del lujo, una locomotora multicolor que pitaba, soltaba burbujas y andaba sola por la casa dándose la vuelta, gracias a la novedosa cualidad de tener una célula que la hacía girar cuando encontraba un obstáculo. Empezaremos por ésta última pieza.


Una locomotora con mecanismo contra los obstáculos...(www.funlearning.co.uk

                      Estando la familia reunida, el niño corría excitadísimo detrás de la locomotora hasta que llegado un momento se sentó con ella en el suelo, canturreando la melodía del juguete. Muy tranquilo, Chus manipulaba el juguete de perfil a sus padres sin dejar la cancioncilla, hasta que los padres se dieron cuenta de que el niño cantaba solo, sin el acompañamiento de la locomotora.

   En principio no es que fuese una alarma, pero algo se les disparó a los dos a la vez al darse cuenta que al estar de lado, el brazo derecho del niño tapaba sus manipulaciones, no se veía lo que investigaban sus manos. Ésa, esa era la palabra justa, investigar. O cómo nombrar la perfecta batería de elementos que Chus había conseguido desmontar sólo con sus dedos, pieza a pieza. Laterales, techo, ventanillas, ruedas, ejes. El frontis, la caldera, la chimenea, el silbato. Todo reposaba en el suelo a su lado izquierdo, mientras él insistía en seguir extrayendo la placa interior del circuito estirando de los cables uno por uno.

  Los padres quedaron mirándose uno al otro, aquello daba un vuelco de calidad a las andanzas del niño. No es que pensaran que su novivir se había acabado, no eran tan ilusos. Pero sí que las palabras de su pediatra al animarlos, diciéndoles que todo lo que hacía su hijo se debía a una simple cuestión de curiosidad, de reflexión, tomaban sentido. Que sólo se trataba de algo transitorio que pararía de golpe el día en que el niño comprendiera los mecanismos normales de la búsqueda, sin hacer ni hacerse daño. 

    Hay que añadir que el pediatra de Chus estaba encantado con él. (¿Qué dicen? -se encaró con los padres una vez- ¿Que alguien les ha aconsejado que lo vea un psicólogo por sus travesuras? No se les ocurra ni pensarlo). Aquel médico era muy aficionado a la música y el que su mini paciente un día cantara un rock con él, y otro llegara a la revisión intentando sacarle sonidos a una armónica, con el médico tabaleando sobre una silla el acompañamiento, los había convertido en colegas. 

   Viendo como el peque había ordenado a su lado las piezas del juguete, los dos se miraron esperanzados. ¿Y si el doctor tenía razón y, por fin, el día en que acabarían las angustias estaba cerca?

   Pero no tan cerca. Aquella misma Navidad tuvieron la prueba.

  De latón y de una sola pieza sin bordes, lacada para que no se apreciaran las soldaduras, la hucha traída por los Reyes Magos parecía el objeto más inocente que pueda imaginarse. Pues tampoco. Pasado por sus manos científicas, Chus se encargó de buscarle la vuelta al bote, convirtiéndolo en un instrumento digno de tortura medieval.

    -¡Mag-mááág! ¡Ahhhhhh!

   Al oír el grito gutural, a mamá se le erizaron desde las pestañas hasta los dedos de los pies. No se atrevía a volverse. Pero se volvió. Sólo para ver a su angelito con la hucha colgando de la boca goteando hasta el suelo la sangre que le caía de la lengua.

   Porque después de haber comprobado que aquel juguete parecía no tener por dónde desmontarlo, la criatura encontró un punto de peligrosidad en él que ni la Junta de Seguridad Familiar, ni la Asociación Española de Fabricantes de Juguetesni el exigente Consejo Normativo de Ibi, la Ciudad del Juguete de Alicante, ni el mismísimo organismo de la Comunidad Europea que expende la certificación oportuna de idoneidad, eToy Industry of Europe, TIE,  habían reparado.

   Sucedía que la ranura por donde entraban las monedas sería estrecha para meter un dedo, pero no lo bastante para que empujando, apretando, por allí no pudiera entrar la lengüecilla de un avezado explorador de tres años. Claro que además, ni el pequeño ni sus padres ni los expertos, hubieran imaginado que aquella raja, por dentro, tenía una rebaba con filo. Y por eso, aunque al tener por fuera los bordes redondeados a Chus le fue fácil introducir la lengua, al intentar extraerla el borde interior actuaba como una cuchilla de afeitar que mientras más se la movía, más cortaba.

   Con ese panorama de nuevo emprendieron los padres el camino hacia el Servicio de Urgencias. Sentado en la falda de la madre, el niño viajaba con la  cabeza envuelta bien fuerte por el pañuelo que a la vez sujetaba el bote-hucha donde apoyaba la barbilla. Mientras, rezando en silencio a todos los Santos, la madre inmovilizaba con las manos la cara del niño y la hucha, para que su peso y el movimiento del viaje no le desgarraran más la lengua, de la que no querían ni imaginar el estado en que debía estar. 

   Las desgraciadas consecuencias que podría haber provocado esa travesura hiela la sangre con sólo pensarlo. Quedarle un importante defecto en el habla e incluso la mudez, por las venas, músculos y nervios que componen en su base el frágil recubrimiento de la lengua.

  Por fortuna, aparte del corte que cicatrizó bien, no le sucedió nada importante a nuestro personajillo y el viaje de vuelta a casa lo hizo muy contento, tirándoles besos a los padres, más pimpante y templado que nunca y tarareando con lengua de trapo la canción ganadora de aquel año en el Festival de Eurovisión.


Una hucha de latón...


    Y dispuesto a la próxima...


Continúa...

Ana Mª Ferrin

29 comentarios:

  1. Madre mía ese niño era un auténtico peligro para él mismo, bueno también para los padres que podían sufrir un infarto en cada una de las situaciones de peligro a que se exponía nuestro protagonista.Besicos

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    1. Seguro que más de una de estas situaciones te habrán recordado a cuando tus hijas eran pequeñas. Beso

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  2. Parece mentida que le hubiesen pasado tantas cosas a este niño es como el diablillo que todo lo coge, que lo prueba y que no da con lo bueno.
    Que pases un feliz fin de semana.

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    1. De lo que no hay duda es de que tenía buena estrella. No es fácil salir indemne de cosas así, MariPi.

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  3. Bueno, parece que el pequeño va encontrando lo que busca. Creo que al final tanto sinsabor tendrá su recompensa. O eso espero, porque de seguir sus andanzas por aquí, ya nos hemos encariñado con él.

    Feliz domingo.

    Bisous

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    1. Como el protagonista está siguiendo las entradas, así se enterará de que no todos los niños son tan juiciosos como el suyo, aunque los dos son estupendos.
      Feliz semana.

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  4. El nene era, como se dice en Venezuela: Candela...
    Sin embargo, esto le enseña y mucho a fin de cuentas

    Besos

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    1. Desde luego, sí le enseñó a ser resistente y reflexivo.
      Años después pasó un año viviendo en un campamento en la nieve y a pesar de la dureza lo llevó muy bien.

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  5. Conforme crece esta criatura las tribulaciones a las que se enfrenta este niño son más peligrosas. Esperemos que tome pronto la primera comunión, por lo del uso de razón, porque si no, no sé...
    Bueno a toro pasado, es imposible dejar de sonrreir.
    Saludos.

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    1. El episodio de la hucha fue de película gore. Pero como bien dice usted, visto a toro pasado, habría quer a los tres, padre, madre e hijo chorreando sangre, el niño con con la cabeza empapada y el bote colgando de la lengua, entrando en Urgencias...

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  6. Ana querida
    mil gracias por compartir lo tuyo
    me
    gustas
    un abrazo enorme compañera

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    1. Gracias, compañera. No sé si has vivido algo como lo que cuento.
      Te deseo que no. Abrazos, guapa.

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  7. Gracias Ana por tan excelente narrativa.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias a ti, Ricardo. Con tu experiencia sabrás que no todo en la vida son elucubraciones elevadas. El día a día doméstico también tiene su crónica.
      Otro para ti.

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  8. Pero qué lagartijilla este Chus... No paraba de curiosear, porque a lo que hacía no lo llamo yo trastadas sino ganas de aprender, de explorar, de imitar, sin ser consciente de las consecuencias. ¡Dichosa infancia!
    Un beso

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    1. A mí me llamó la atención la posición del pediatra. Eso de insistir en que no pusieran puertas a la imaginación del niño, de que no empezaran a manejarlo por caminos psíquicos y que además los padres estuvieran de acuerdo, da que pensar, porque el chico fue desarrollando su comportamiento con tranquilidad y ha resultado un hombre de lo más sereno. Según en qué manos hubiera caído, sabe Dios cómo hubiera acabado la historia.
      Un abrazo, Carmen.

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  9. Hermosa infancia y con este diablito, lo que está comprobado, que sus padres tenían corazón sano y fuerte jajajajaja!!!

    Besossssssssss

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    1. Tienes toda la razón. Bendita curiosidad infantil. Lo del corazón es verdad, hay que ver lo que resiste el cuerpo. A ti.

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  10. Muy aleccionador, Ana María. Además, en los comentarios supe de una expresión desconocida aquí en Chile: Trastadas.

    Cariños australes.

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    1. Gracias, Esteban. Como sé que ya habrás investigado el significado, no añado nada. Te envío saludos desde un cielo velazqueño.

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  11. El niño tiene toda una historia.
    Y los padres son dignos de un premio.

    UN beso.

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  12. El niño tiene toda una historia.
    Y los padres son dignos de un premio.

    UN beso.

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    1. Amalia, sólo comprendemos lo que tuvieron que esforzarse nuestros padres y sus desvelos para sacarnos adelante, cuando somos padres. Hasta entonces ni imaginábamos como era la película. Un beso

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  13. Jajaja, me encanta este travieso, Chus y tu manera de contar sus aventuras.
    Y es que los niños como él, son geniales.
    Un placer leerte después de los meses de estío.
    Te envío un beso.

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    1. Hola, querida amiga. Te supongo instalada en tu nuevo hogar donde espero que seas muy feliz. Un abrazo.

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  14. Guillermo Brown al lado de este niño era un santo varón. Jejeje.
    Ya andamos de vuelta. Y lo primero, visitar a los amigos para ver si siguen ahí. Ya veo que sí.
    Un saludo, Ana.

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    1. Hola, Cayetano. Me alegra leerte de nuevo.
      Esperemos que el nuevo ejercicio sea como nos merecemos.
      Saludos.

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  15. Está excelente a continuação do relato intitulado "MADRE SANTA DEL AMOR HERMOSO!", que envolve o menino e sua mãe, além de outros, como, por exemplo, o médico que o atendeu, e que nos minuciosos exames feitos descobriu um corpo estranho que provocava o mal cheiro, qual seja, um pedaço de esponja de banho, que estava alojado na parte superior da cavidade nasal. Um belo relato, minha amiga Ana.
    Um abraço.
    Pedro

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  16. Otro para ti, Pedro.
    Como habrás vivido tú con tus hijos, los diferentes médicos que hemos ido encontrando los padres han sido muchas veces experiencias de lo más exóticas.
    A ver qué te parece el próximo y último capítulo.

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